Intentan instalar en la agenda el debate energético en la provincia, con planteos que apuntan a revisar la generación eléctrica y, nuevamente, la posibilidad de avanzar con proyectos hidroeléctricos, a casi 30 años del plebiscito que rechazó la represa de Corpus.
En una entrevista radial, el ingeniero civil Luis Marcelo Cardinali explicó el concepto de “energía firme”, es decir, aquella que está garantizada cuando el sistema la necesita, especialmente en momentos de alta demanda. Señaló que este tipo de energía es clave para sostener el funcionamiento productivo y el consumo en períodos críticos, como los picos de verano.
El especialista remarcó que las fuentes renovables, como la solar o la eólica, tienen limitaciones porque dependen de factores climáticos y no aseguran disponibilidad constante. En ese marco, planteó la necesidad de un sistema energético combinado que permita responder de manera estable a la demanda.
También advirtió que el problema no se limita a la generación, sino que involucra el transporte y la distribución de la energía, aspectos que condicionan el suministro en toda la provincia.
Misiones fue definida como una provincia electrodependiente, sin acceso a gas natural, lo que la obliga a depender casi exclusivamente de la electricidad. Esta situación impacta tanto en la vida cotidiana como en el desarrollo económico.
En ese contexto, volvió a mencionarse la hidroelectricidad como una alternativa capaz de aportar energía firme. Sin embargo, este tipo de obras implica consecuencias concretas: la creación de un embalse genera inundación de grandes extensiones de territorio, pérdida de hábitats naturales y desplazamiento de poblaciones.
En el caso del proyecto Corpus, distintos estudios estiman que el embalse podría cubrir miles de hectáreas, con impacto directo sobre selva nativa, actividades productivas y zonas habitadas.
Los antecedentes en la región refuerzan las advertencias. La represa de Yacyretá generó un lago artificial de unas 160.000 hectáreas y obligó a relocalizar a miles de personas, además de modificar la fisonomía de ciudades y zonas costeras.
A esto se suma el cuestionamiento histórico sobre los beneficios reales para la provincia. Experiencias previas muestran que tener una represa en el territorio no garantiza energía barata ni mejoras directas en la calidad de vida local, ya que la producción suele integrarse al sistema nacional o binacional.
Pese a estos antecedentes, desde distintos sectores vuelven a plantear la necesidad de reabrir la discusión, incluso con la posibilidad de un nuevo plebiscito.
Sin embargo, el punto central sigue siendo el mismo: en 1996 la población misionera ya se expresó en contra de la represa de Corpus.
En definitiva intentan generar un debate energético ya cerrado en medio de una demanda creciente, pero con un eje sensible que vuelve a generar tensión: la posibilidad de avanzar sobre territorio, ambiente y comunidades, para un proyecto cuyos beneficios, históricamente, no quedaron plenamente en manos de los misioneros.
