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Misiones se está Quedando sin Niños

Misiones se está quedando sin niños
Columna de opinión por Daniel Orloff —

Misiones se está quedando sin niños

La natalidad se derrumbó a la mitad en una década. Y le está pasando, más rápido que a cualquier otra provincia, a la que hasta ayer era la más joven del país.

Nacimientos cada 1.000 habitantes en Misiones
23,9 2015 → 2025. Diez años. Menos de la mitad.
Fuente: Ministerio de Salud de Misiones — estadísticas vitales
Ilustración de un ceibo invertido: raíces gruesas y enredadas en la parte superior que se adelgazan hasta terminar en una rama fina con apenas dos flores rojas.
Cada generación, menos raíces nuevas.

Vayamos a los daros fríos, en 2015, en Misiones nacían casi 24 niños por cada mil habitantes. En 2025, nacieron 12,7. Menos de la mitad, en menos de diez años. En números concretos: 16.680 nacimientos el año pasado, contra el doble de esa cifra hace apenas dos décadas.

Nacimientos cada 1.000 habitantes — Misiones
23,9
2015
12,7
2025

Y sin embargo, con esos números, Misiones sigue siendo la provincia que más nace en toda la Argentina. Encabeza el ranking nacional, muy por encima de Ciudad de Buenos Aires. Guardemos ese dato un segundo, porque es la clave de todo lo que sigue: la provincia que mejor resistía es la que está cayendo más rápido. No es que a Misiones "le está pasando lo mismo que al resto del mundo". Es que Misiones tenía una ventaja que se le está terminando, y la está perdiendo a una velocidad que ninguna otra provincia del país muestra.

Nacimientos cada 1.000 habitantes — 2025
Misiones
12,7
Promedio país
~8,9
CABA
6,9
Promedio país: estimación propia sobre nacimientos totales 2025 y población nacional.

Durante años nos dijeron que Misiones era "la provincia joven", y no era una frase vacía: el Censo 2022 lo confirma con un número oficial. Acá vive la mayor proporción de niños de 0 a 14 años de todo el país, 26,7%, contra un promedio nacional del 22%. Ese título, el de la provincia más joven de la Argentina, lo tenemos nosotros. Y sin embargo, es exactamente acá donde la cantidad de nacimientos se derrumbó a la mitad en menos de diez años. Si hasta la provincia más joven del país se está quedando sin niños, la pregunta no es qué le pasa a Misiones. Es qué nos está pasando a todos.

A nivel nacional el cuadro es aún más duro. En 2024 nacieron 413.135 niños en toda la Argentina, un 47% menos que diez años atrás. El promedio de hijos por mujer en el país tocó un piso histórico: apenas 1,23, cuando para mantener la población estable hacen falta 2,1. No es una anécdota, es un país entero quedándose sin la próxima generación, y Misiones, que hasta hace poco parecía la excepción, ya no lo es.

No es (solo) la plata

La explicación fácil es "no hay guita, no hay vivienda, no hay estabilidad". Es verdad, pero es una verdad incompleta, porque no explica por qué los países con más ayudas para tener hijos tampoco lograron revertir la caída. Corea del Sur lleva veinte años invirtiendo una fortuna en subsidios y sigue en el fondo de la tabla mundial. Los países nórdicos, con las mejores licencias parentales del planeta, están todos por debajo del reemplazo.

Lo que de verdad encarece a un hijo no es el pañal. Es el tiempo, o al menos eso nos quieren hacer creer. El concepto que gana cada día más adeptos dice que cuanto más vale una hora de trabajo de una persona, más caro sale, porque ese tiempo se deja de ganar dinero para tener y criar un hijo. Por eso la caída no se frena solo con un cheque, es decir: un simple subsidio, porque no compite contra años de ingresos.

La cuenta que nadie te muestra

Hay otra pieza, más silenciosa todavía, y tiene que ver con cómo están armadas nuestras jubilaciones. El sistema previsional argentino (como el de casi toda Latinoamérica y Europa, copiado de una reforma alemana de 1957) se construyó para que la generación que trabaja sostenga a la que ya se jubiló. Tiene sentido. El problema es que nadie te explicó la otra mitad de la historia que ya se impuso hace unas décadas: quien cría a un hijo hoy está financiando, con su propio bolsillo, al futuro trabajador que dentro de treinta años va a sostener el sistema de pensiones, a todos, el que tenga hijos y el que no. El concepto es este: el que crió, perdió dinero. El beneficio de ese adulto (gente que sostenga las jubilaciones, el consumo, la economía) lo cobra la sociedad entera.

Lamentablemente tener hijos dejó de ser solo una decisión de amor o de fe en este mundo. Lo transformaron, también, en la única inversión personal de veinte años cuyo rendimiento se lo queda, en gran parte, otra persona.

El mundo no se está quedando sin lugar

Antes de seguir, vale la pena sacarse de encima una excusa muy instalada en los últimos años para justificar la baja en la natalidad y de que "ya somos demasiados" y que el planeta no da para más gente. Salgamos un poco del ritmo de la lectura y hagamos una cuenta rápida. Hoy somos alrededor de 8.300 millones de personas en el mundo. Si colocamos a cada una en apenas medio metro por medio metro para pararse (todos bien juntos en un lugar, como en un recital), toda la humanidad completa entraría en unos 2.075 kilómetros cuadrados. En resumen sobra espacio, pero principalmente recursos, al menos estamos muy lejos de llegar a su límite o de agotarlos, muy lejos.

Toda la humanidad, de pie, junta
≈ 3 veces el Parque Nacional Iguazú (677 km²)
El problema no es que no haya lugar.

Al parecer el problema es otro, como si se buscara un mundo más chico, un mundo que produzca menos, un mundo sin nacimientos, sinceramente no sé por qué.

Lo que no vuelve atrás

Nos "entrenaron" para pensar que casi nada es definitivo, que casi nada tiene consecuencias. Si podemos cambiamos de trabajo, de ciudad, de pareja, de casa, de suscripción de streaming, todo sin culpa y sin problemas. Toda nuestra vida moderna está diseñada con la idea de mantener las puertas abiertas el mayor tiempo posible. Y en el medio de esa cultura de "todo se arregla" quedan apenas dos cosas que de verdad no tienen vuelta atrás: el tiempo, y un hijo. Ni siquiera la ley que habilitó interrumpir un embarazo cambia esa realidad de fondo, le dieron esa decisión como una salida legal, pero no la convierte en algo reversible del todo: sigue siendo, para quien la atraviesa, una marca que no se deshace. Lo que sí cambió es que ahora tenemos, dando vueltas en la cabeza, la idea de que hasta lo irreversible se puede posponer, aplazar o resolver más adelante. Y cada año que se pospone tiene un costo biológico que no perdona.

El afecto que se compró en cuotas

Mientras todo esto pasa, hay un mercado entero llenando el hueco que deja la familia que nunca se formó. Ocho de cada diez hogares argentinos tienen al menos una mascota y, por poner un ejemplo, el mercado de alimento para mascotas en el país ya mueve más de 1.500 millones de dólares, con proyecciones de crecimiento que superan ampliamente cualquier otra industria de consumo.

Hogares argentinos con mascota
8 de cada 10 hogares argentinos tienen mascota

No lo digo para juzgar a nadie que tenga un perro o un gato: el vínculo es real y es genuino. Lo digo porque hay una cifra de negocio ahí, y las cifras de negocio no aparecen porque sí. Aparecen donde hay una necesidad afectiva que el mercado detectó, y que decidió empezar a cobrar.

Misiones todavía tiene tiempo, pero cada vez menos

Volvamos al principio. Misiones sigue siendo, hoy, la provincia con más nacimientos por habitante de toda la Argentina. Esa ventaja existe. Pero como dije la curva de los últimos diez años nos muestra con absoluta claridad que esa ventaja se está cerrando, y rápido. No hace falta mirar a París, a Madrid o a Berlín para entender hacia dónde va esto: alcanza con mirar el propio informe del Ministerio de Salud de la provincia.

Nadie lo va a anunciar con bombos y platillos, se va a notar de a poco, en el aula de una escuela, en la lista de espera del jardín que un día deja de existir, en el silencio de un barrio donde antes se escuchaban chicos jugando en la vereda y ahora no. Esto no significa que debas cambiar tu vida: esa decisión sigue siendo, y debe seguir siendo, de cada uno. Esto es un llamado a dejar de mirar para otro lado mientras que la familia, el pilar que sostuvo por generaciones enteras a esta provincia, se achica más rápido de lo que estamos dispuestos a aceptar. Porque para cuando el aula vacía sea evidente el tiempo ya habrá actuado y será demasiado tarde para volver atrás.

Misiones Informa — Columna de opinión

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