Por Daniel Orloff
Aclaración: nada de lo aquí escrito debería leerse como afirmación, sino como lectura de tendencias a partir de información pública y de patrones de comportamiento político observables.
El punto de partida
Misiones podría estar por primera vez en más de dos décadas sin un favorito claro para 2027. Ni el "Conductor" que llevaría el timón desde las sombras, ni el gobernador que gestionaría con el supuesto 65% de imagen positiva que nos quiere hacer creer, ni el sello libertario que gobernaría el país, tendrían hoy asegurado un piso electoral sólido y propio. Sería, en el mejor sentido del término, un año de incertidumbre estructural, algo que no se veía en la provincia desde antes de 2003.
El armado del "Ingeniero"
Encuentro Misionero podría heredar la maquinaria legal, la mayoría legislativa y los vínculos casi obligatorios con la Casa Rosada del viejo Frente Renovador, pero también heredaría su fatiga: el propio Rovira habría anunciado que no sería candidato a nada en 2027, aunque mantendría la conducción política del espacio, una fórmula que a esta altura podría sonar más a jugada de ajedrez que a retiro real. Quien mejor resumiría el fenómeno sería aquel ministro cercano a Passalacqua que lo comparó con una estación de servicio de bandera blanca: la marca cambiaría, pero el combustible seguiría siendo el mismo.
El gobernador sin partido (por ahora)
Passalacqua podría estar gobernando con la lapicera de un oficialismo que técnicamente ya no lo tendría afiliado. La supuesta ruptura con Rovira podría no ser total ya que los actos institucionales compartidos seguirían ocurriendo, algo que funciona para buena parte del electorado, más como inercia institucional que como convicción política compartida, de hecho se habla de un frente o un "movimiento" que podría agruparlos. Éste es un gobernador con 67 de 78 intendentes pero sin sello propio sería, cuanto menos, una paradoja entretenida para cualquier entendido en ciencias políticas.
LLA: la marca que vendría de afuera
En Misiones, La Libertad Avanza podría no tener el problema que tiene en otras provincias (candidatos inexistentes) sino uno más sutil: candidatos que existirían pero que no convencen. Buena parte de su primera línea podría estar compuesta por ex renovadores o por dirigentes de un peronismo "descafeinado" que no despertaría entusiasmo genuino en nadie. Si el espacio sumara votos, podría deberse casi exclusivamente al arrastre de la marca nacional y a la cercanía discursiva con Milei, no a méritos propios de sus referentes locales. Sería, en criollo, como saludar con sombrero ajeno.
La izquierda y el "más de lo mismo"
El otro extremo del tablero está el PAyS de Bárbaro, sectores socialistas, el PJ de Humada que están buscando un frente amplio antimileísta. Estos podría tener el problema inverso: ideas con historia ya con rechazo social sumado a la falta de renovación de imagen. Para buena parte del electorado misionero, que en 2025 le dio a un ex policía preso casi el 20% de los votos, esa oferta podría leerse como "más de lo de siempre", incluso si sus propuestas fueran genuinamente distintas de las del oficialismo. La marca importaría tanto como el contenido, y ahí la izquierda misionera podría estar en desventaja.
La tercera vía que todavía no sería vía
El acercamiento entre Amarilla y Bárbaro (documentado en fotos y reuniones conjuntas, aunque sin confirmación formal de alianza) podría diluirse por el mismo motivo que golpea a la izquierda tradicional: si Bárbaro aportara demasiado perfil "de siempre", el combo podría perder la etiqueta de outsider que le dio a Amarilla el 20% de los votos en 2025. Sería una alianza que podría sumar estructura y restar frescura al mismo tiempo, la ecuación más difícil de resolver en política. Aunque ese armado podría no estar tan cerrado como parecía hace unas semanas ya que Amarilla también fue visto con referentes del Partido Libertario.
PRO, UCR y los libertarios de segunda línea
El resto del tablero (PRO, radicalismo, partidos autodenominados libertarios pero ajenos a LLA) podría aportar votos dispersos sin capacidad de traccionar una candidatura propia competitiva. Serían, en el mejor de los casos, fichas de negociación para quien arme la coalición ganadora; en el peor, versiones B de opciones que ya existirían con mejor marca en otro lado.
El comodín de las reglas de juego
Un dato que podría cambiarlo todo: tanto Encuentro Misionero como el bloque libertario provincial tendrían proyectos propios de Boleta Única en danza en la Legislatura, cada uno con su propio diseño (Rovira impulsaría una boleta única por agrupación política con tope de sublemas; LLA empujaría el modelo nacional ya usado en octubre de 2025). Si alguno de estos proyectos prosperara antes de 2027, cambiaría el juego completo: se terminaría la fragmentación artificial que genera la vieja Ley de Lemas y cada espacio tendría que mostrarse tal cual es, sin el paraguas de sublemas para camuflar candidaturas débiles. La fecha exacta de los comicios de 2027 (incluida la posibilidad de mayo que circularía en algunos ámbitos) no estaría todavía confirmada de forma oficial pero claramente será desdoblada con la nacional.
Las señales que llegarían desde el territorio
Más allá del tablero de conductores y gobernadores, el nivel intermedio de la política misionera podría estar mandando señales todavía más elocuentes que cualquier declaración oficial.
En la Legislatura, el bloque de Encuentro Misionero podría estar sufriendo una fuga por goteo hacia el passalacquismo: de hablarse inicialmente de dos o tres diputados en danza, en las últimas horas el número que circularía treparía a ocho o nueve. Si ese dato se confirmara dejaría de ser rumor de pasillo para convertirse en la primera ruptura numérica concreta y verificable del bloque legislativo.
La interna también podría estar filtrándose hacia las bases más jóvenes del espacio: una militante de la agrupación juvenil del oficialismo habría sido apartada de un grupo interno de WhatsApp después de mostrarse públicamente junto al gobernador. Sería un capítulo menor en términos de peso político, pero revela el clima: si la disputa bajara hasta el nivel de quién puede fotografiarse con quién, el quiebre entre Rovira y Passalacqua podría estar más asentado en la tropa propia de lo que la dirigencia admitiría puertas afuera.
A escala municipal, el Concejo Deliberante de Posadas podría estar funcionando como termómetro en miniatura de todo esto: de un bloque de siete concejales oficialistas, una porción se inclinaría hacia Encuentro Misionero, otra estaría "en veremos" pero más cerca del gobernador, y al menos un edil se mantendría a la expectativa sin definición. La reciente visita de la plana mayor de LLA a la ciudad también podría leerse en esa misma clave defensiva: la tarea de armar una futura "escuela de dirigentes" libertaria habría quedado repartida entre una concejal a la que buscarían exhibir con los colores del espacio para desactivar rumores de fuga, y otro edil de bajo perfil mediático al que intentarían visibilizar. En ambos casos, gestos de un espacio cuidando lo que tiene, no necesariamente expandiéndose.
Y por último, una foto de cumpleaños podría estar reabriendo el expediente completo de la tercera vía: referentes de ese espacio habrían aparecido celebrando junto a una figura del Partido Libertario, no de la UCR. Si esa lectura se sostuviera en el tiempo, cambiaría bastante el análisis: ya no se trataría de una tercera vía moderada entre el oficialismo tradicional y los libertarios, sino de una eventual pelea puertas adentro del propio universo libertario misionero, entre la marca oficial de LLA y una versión local del espacio. Sería, dicho con humor, la grieta dentro de la grieta.
El diagnóstico de fondo
Si hubiera que resumir el estado de los candidatos misionero en una frase, podría ser esta: no habría "nuevo nuevo", y por ahora no lo hay. Tendríamos dirigentes viejos ensayando tendencias nuevas (Rovira con su recambio generacional "Neo"), referentes nuevos con mañas viejas (la lista de Amarilla, un "rejunte" de intereses cruzados según sus propios críticos), y líderes viejos con ideologías viejas (el PJ tradicional buscando reflotarse bajo un paraguas antimileísta). La combinatoria estaría ahí, pero la síntesis todavía no aparece.
Quedarían, eso sí, los últimos diez minutos del partido, para que aparezca un outsider inesperado que convenza al electorado con lo que el electorado busca "gente nueva con propuestas nuevas", sería el candidato potable de último momento, o la alineación repentina entre discurso y gestión que el electorado misionero está exigiendo desde hace rato y los partidos políticos no lo ven o no lo quieren ver. Hasta que eso ocurra, si es que ocurre, la provincia seguiría funcionando con el piloto automático de la inercia institucional, algo que, dicho sea de paso, sería la forma más elegante que tendría la política de decir "no sé qué hacer, pero sigo cobrando".
