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Cuando la Primicia le Gana a la Verdad: el Accidente, la Falsa Acusación contra Ramón Amarilla y un Nuevo Fracaso del Periodismo

Un siniestro vial con daños materiales ocurrido este jueves por la mañana en la intersección de las avenidas Uruguay y Monteagudo, en Posadas, terminó convirtiéndose en un caso testigo sobre cómo no hacer periodismo. Mientras la Policía trabajaba en el lugar para determinar las causas de la colisión entre un BMW 335i y una camioneta Volkswagen Amarok, varios medios de comunicación difundieron como un hecho que el diputado provincial Ramón Amarilla había protagonizado el accidente. Era falso.



El parte oficial de la Policía de Misiones es contundente. El siniestro involucró al conductor del BMW, Jonatan Ariel Jauregui (34), y al conductor de la Amarok, Fernando Vázquez (44). El informe agrega que Amarilla simplemente pasó por el lugar, colaboró dialogando con los involucrados y verificando documentación, "sin interferir en el accionar policial". Es decir, ni conducía alguno de los vehículos ni formó parte del hecho.




Sin embargo, antes de corroborar la información con fuentes oficiales, algunos medios publicaron fotografías y videos centrando la atención en el legislador y sugiriendo que él era el responsable del choque. Horas más tarde, varios de esos mismos medios debieron rectificarse y pedir disculpas luego de conocerse el parte policial y el video difundido por Amarilla, en el que explicó lo sucedido. 


El verdadero problema no fue el error, sino el proceso




Equivocarse puede ocurrir. Lo verdaderamente grave es haber ignorado las reglas más elementales del periodismo.


El ABC de la profesión establece que, antes de publicar una acusación que involucre a una persona identificable, especialmente a un dirigente político, corresponde:


1) Corroborar la información con fuentes oficiales o independientes.

2) Verificar quiénes participaron realmente del hecho.

3) Contrastar versiones antes de presentar una afirmación como un hecho.

4) Diferenciar claramente una sospecha de una confirmación.

5) Evitar que una imagen, por sí sola, se convierta en prueba de responsabilidad.

Nada de eso ocurrió.


La presencia de una persona en el lugar de un accidente no la convierte automáticamente en protagonista del mismo. Esa conclusión solo puede surgir de una investigación seria, nunca de una fotografía o un video aislado.


La velocidad no puede reemplazar a la verificación


La competencia por publicar primero parece haber pesado más que la obligación de informar correctamente. En la era de las redes sociales, donde un dato falso se replica en minutos, el daño a la reputación de una persona puede producirse mucho antes de que llegue una rectificación.


Y las disculpas, aunque necesarias, no borran el impacto inicial. La falsa información ya circuló, fue compartida y quedó instalada en parte de la opinión pública.


El periodismo conserva una ventaja que ninguna red social puede ofrecer: la credibilidad. Pero esa credibilidad depende exclusivamente del rigor con que se trabaja. Cuando se abandona la verificación para privilegiar la inmediatez, no solo se perjudica al involucrado, sino que también se deteriora la confianza del público en los medios de comunicación.


La noticia nunca debe publicarse primero y verificarse después. La verificación no es un paso opcional; es el punto de partida del periodismo.

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