Martín “El Gaucho” Alegre (37) se consagró campeón nacional de trail en los 6,5 kilómetros disputados en la Sierra de los Difuntos, en Mar del Plata, y obtuvo la clasificación al Mundial 2026 que se realizará en República Checa. El logro deportivo tiene detrás una historia de superación personal y un trabajo técnico sostenido en el tiempo.
A los 23 años, cuando practicaba boxeo en categoría pesado, un accidente de tránsito lo dejó con fracturas en ambas piernas (tibia y peroné) y en las dos muñecas. Estuvo cerca de dos años sin poder caminar con normalidad y debió abandonar definitivamente el ring. Sin indemnización y sin respaldo económico, inició una rehabilitación extensa, marcada por el esfuerzo propio.
Recién más de una década después comenzó a correr con regularidad. El atletismo apareció primero como recuperación física y luego como canal emocional. Criado en Ranchos, partido de General Paz, en una familia de siete hermanos y con una infancia atravesada por carencias, Alegre forjó un perfil austero que hoy también traslada a la competencia.
En cada carrera mantiene una marca personal que lo distingue: compite con boina y alpargatas. Por eso el apodo de “El Gaucho”. En un contexto donde predominan zapatillas técnicas, planes nutricionales específicos y estructuras profesionales, él elige representar la tradición criolla. “Quiero demostrar que con poco también se pueden lograr cosas grandes”, resume.
Detrás del título nacional hay un trabajo metódico junto a su entrenadora, María Rosario Bordagaray, radicada en La Plata. Bordagaray no solo diseñó su planificación deportiva, sino que acompañó su evolución física tras las lesiones y estructuró su calendario competitivo. En la última temporada, Alegre disputó 34 carreras entre calle y trail, con más de 25 podios en la clasificación general, resultado de un proceso técnico que combinó volumen, adaptación al terreno y gestión del esfuerzo.
El campeonato en Mar del Plata fue una fecha única: quien ganaba se consagraba campeón argentino y obtenía la plaza para el Mundial. Alegre ganó la general en su debut en ese circuito y aseguró el llamado “golden ticket” internacional.
Ahora el desafío es doble. Por un lado, sostener el nivel competitivo; por otro, reunir los recursos para viajar a República Checa, ya que la participación dependerá del apoyo económico que consiga. Su intención es clara: representar a la Argentina con la misma identidad con la que se coronó campeón.
La historia de Martín Alegre no se limita a un resultado. Es la reconstrucción de un deportista que volvió a caminar después de un accidente grave, que transformó la adversidad en disciplina y que, acompañado por el trabajo técnico de María Rosario Bordagaray, alcanzó la cima nacional. El próximo paso puede ser mundial, con boina, alpargatas y nuestra querida bandera argentina.

